Terapia presencial y terapia online

Terapia presencial y terapia online: dos formas de encontrarse en psicoterapia

La psicoterapia ha estado tradicionalmente asociada a una imagen bastante conocida: un consultorio, dos personas que se encuentran en un mismo espacio y un tiempo reservado para hablar de aquello que preocupa, angustia o simplemente necesita ser pensado.
En los últimos años, la terapia online pasó a formar parte de la práctica cotidiana y abrió otra posibilidad: realizar un proceso psicoterapéutico sin compartir físicamente el mismo lugar.
Esto suele generar una pregunta muy comprensible: ¿es mejor la terapia presencial o la terapia online?
No existe una respuesta única. Ambas modalidades pueden ofrecer un espacio terapéutico valioso. La elección dependerá de las características de cada persona, de su momento vital, de sus necesidades y también de las condiciones en las que pueda sostener el tratamiento.

¿Qué aporta la terapia presencial?

En la psicoterapia presencial, paciente y terapeuta comparten físicamente el consultorio. Puede parecer un detalle evidente, pero ese espacio tiene una función importante.
Llegar al consultorio supone interrumpir por un momento la vida cotidiana. Hay un desplazamiento, una entrada y una salida. Durante ese tiempo se deja afuera —al menos parcialmente— el trabajo, la casa, las obligaciones y las demandas de los demás.
El consultorio puede convertirse así en un lugar diferente: un espacio propio, estable y reservado para detenerse a pensar y escucharse.
En el encuentro presencial también está presente de manera directa la dimensión corporal. Los silencios, los gestos, las miradas, la postura, la manera de ocupar el espacio o incluso ciertos cambios difíciles de poner en palabras pueden formar parte de lo que ocurre durante una sesión.
Esto no significa que todo deba ser interpretado. Significa sencillamente que en psicoterapia no hablamos solamente con palabras.

¿Y qué ocurre en la terapia online?

La psicoterapia online conserva aspectos fundamentales del tratamiento: la regularidad de los encuentros, la confidencialidad, la escucha clínica y la posibilidad de construir un vínculo terapéutico en el que aquello que le sucede a la persona pueda comenzar a desplegarse.
La pantalla modifica el modo de encontrarse, pero no necesariamente impide la profundidad del trabajo.
Para algunas personas además, la modalidad online facilita el acceso a la psicoterapia ya que puede ser especialmente útil cuando existen dificultades de horarios, distancias, viajes frecuentes, cambios de residencia o simplemente cuando trasladarse semanalmente hasta el consultorio resulta complicado.
Sin embargo, para que pueda sostenerse adecuadamente es importante contar con ciertas condiciones: un lugar privado, tranquilidad durante la sesión, una conexión a internet suficientemente estable y la posibilidad de disponer de ese tiempo sin interrupciones.
Hacer terapia desde casa no debería significar hacerla mientras se responden mensajes, se trabaja o alguien entra y sale de la habitación. La facilidad de conectarse no elimina la necesidad de construir un espacio para la sesión.

¿La terapia online es menos profunda?

No necesariamente.
La profundidad de un proceso terapéutico no depende exclusivamente de que paciente y terapeuta estén físicamente en la misma habitación.
Depende también de la posibilidad de establecer un vínculo de confianza, sostener una continuidad y construir un espacio donde puedan aparecer pensamientos, emociones, conflictos, recuerdos, silencios y preguntas que quizá no encuentran lugar en otros ámbitos de la vida.
Desde una perspectiva psicoanalítica, el trabajo terapéutico busca ir más allá de resolver rápidamente un síntoma. Interesa comprender qué lugar ocupa aquello que le sucede a una persona dentro de su historia, sus vínculos y su particular manera de relacionarse consigo misma y con los demás.
Ese trabajo puede desarrollarse tanto presencialmente como online, aunque cada modalidad introduce características diferentes en el encuentro.

Entonces, ¿cómo elegir?

No es necesario pensar la elección como una competencia entre dos modalidades.
Para algunas personas, salir de su casa y llegar al consultorio forma parte importante de la experiencia terapéutica. Necesitan ese espacio físicamente diferenciado de su vida cotidiana.
Para otras, la modalidad online permite una continuidad que de otro modo sería difícil de sostener.
También puede ocurrir que una persona comience de una manera y, en determinadas circunstancias necesite pasar temporalmente a la otra.
Lo importante es que la modalidad elegida permita preservar algo esencial: un espacio suficientemente íntimo, estable y seguro para poder hablar con libertad y comenzar a pensar aquello que muchas veces a solas resulta difícil comprender.

Un encuentro que puede tomar distintas formas

La psicoterapia no ocurre simplemente porque dos personas estén sentadas frente a frente ni porque se conecten a través de una pantalla.
Se va construyendo en el encuentro.
En la posibilidad de decir algo que nunca se había dicho. De escuchar de otra manera aquello que se repite. De descubrir preguntas donde antes parecía haber solamente certezas. Y, poco a poco encontrar nuevos sentidos para experiencias que quizás durante mucho tiempo se vivieron como incomprensibles.
Presencial u online, la modalidad es el marco.
El trabajo terapéutico comienza con lo que cada persona puede traer a ese encuentro.