Psicoterapia infantil y adolescente

Psicoterapia infantil y adolescente: un espacio para comprender lo que está pasando

A veces los niños y los adolescentes atraviesan momentos en los que algo parece no estar bien, aunque no siempre puedan explicar qué les sucede.
Pueden aparecer cambios en el ánimo, dificultades en la escuela, miedos, problemas para dormir, enojos frecuentes, aislamiento, angustia, dificultades en los vínculos o comportamientos que preocupan a los adultos.
En otras ocasiones no hay un síntoma claramente identificable. Simplemente los padres perciben que su hijo está diferente y sienten que necesita ayuda.
Consultar no significa necesariamente que exista un problema grave. Puede ser una oportunidad para comprender qué está ocurriendo y ofrecer un espacio donde aquello que resulta difícil pueda comenzar a expresarse y adquirir sentido.

Psicoterapia infantil: cuando las palabras todavía no alcanzan

Los niños no siempre pueden explicar lo que sienten de la misma manera que un adulto.
Incluso cuando tienen un buen lenguaje y pueden contar muchas cosas, no necesariamente disponen de las palabras para reconocer y expresar aquello que emocionalmente les está sucediendo.
Por eso, la psicoterapia con niños no consiste simplemente en sentarse a conversar y preguntarles qué les pasa.
El trabajo terapéutico se adapta a la edad, a las características y a la manera particular de expresarse de cada niño.

¿Cómo se trabaja en una sesión con un niño?

En el consultorio pueden utilizarse diferentes recursos: juguetes, dibujos, juegos, historias, construcciones, masa u otros materiales expresivos. No se trata de actividades elegidas solamente para entretenerlo ni de utilizar el juego como una excusa para conseguir que hable.
El juego es, en sí mismo, una forma de comunicación.
Cuando un niño juega, inventa personajes, organiza una escena, dibuja una familia, cambia las reglas de un juego o construye una historia, puede ir expresando aspectos de su mundo interno que todavía no logra comunicar directamente.
En ese proceso pueden aparecer sus preocupaciones, temores, deseos, conflictos y también la forma en que vive sus vínculos con los demás.
El terapeuta observa, escucha, participa cuando es necesario y acompaña aquello que el niño va produciendo. Algunas veces interviene con una pregunta; otras, señalando algo que aparece repetidamente en el juego o ayudándolo a poner palabras allí donde parece difícil encontrarlas.
No todo lo que un niño dibuja o juega tiene un significado oculto que deba ser descifrado. Una producción adquiere sentido dentro del vínculo terapéutico, de la historia de ese niño y de lo que va ocurriendo a lo largo del proceso.
Con el tiempo, aquello que inicialmente aparecía solamente como una conducta, un miedo, un enojo o una dificultad puede comenzar a ser pensado y expresado de otras maneras.

El lugar de los padres en la psicoterapia infantil

Cuando se trabaja con niños, los padres o adultos referentes tienen un lugar importante.
Habitualmente el proceso comienza con una o más entrevistas con ellos. Allí se conversa sobre el motivo de consulta, la historia del niño, su desarrollo, sus vínculos y las situaciones familiares o vitales que puedan resultar significativas.
A lo largo del tratamiento pueden realizarse nuevas entrevistas para compartir aspectos generales de la evolución y pensar juntos algunas situaciones que están ocurriendo fuera del consultorio.
Estas instancias no tienen como objetivo buscar responsables ni establecer quién está haciendo las cosas “bien” o “mal”.
Muchas veces permiten comprender de otra manera determinadas conductas del niño y pensar qué necesita de los adultos que lo rodean.
El tratamiento, entonces, puede incluir tanto el espacio propio del niño como momentos de trabajo con sus padres, preservando aquello que pertenece a la intimidad de la relación terapéutica.

Psicoterapia con adolescentes: un espacio para empezar a hablar desde sí mismos

La adolescencia tiene características diferentes.
Es un período de profundas transformaciones: cambia el cuerpo, cambian los vínculos familiares, adquieren mayor importancia los pares y aparece con más fuerza la necesidad de construir una identidad y una posición propia.
En ese proceso pueden surgir contradicciones difíciles de transitar: querer independencia y al mismo tiempo necesitar apoyo; buscar diferenciarse de los padres y continuar dependiendo de ellos; necesitar pertenecer y, a la vez, descubrir quién se es por fuera de los demás.
La psicoterapia puede ofrecer un lugar diferente a otros espacios de la vida cotidiana.

¿Cómo se trabaja con un adolescente en psicoterapia?

Con los adolescentes, la palabra suele ocupar un lugar más importante, aunque no todos llegan pudiendo hablar con facilidad de lo que sienten.
Algunos pueden expresar rápidamente lo que les preocupa. Otros responden poco, permanecen en silencio, dicen que no saben por qué están allí o llegan porque fueron sus padres quienes consideraron necesaria la consulta.
Por eso, el comienzo del tratamiento también supone construir un vínculo.
La sesión no es un interrogatorio ni una sucesión de preguntas destinadas a obtener información. Tampoco es un espacio donde el terapeuta le dice al adolescente qué debería hacer.
Se trabaja a partir de aquello que el adolescente trae: situaciones cotidianas, relaciones familiares, amistades, vínculos amorosos, estudios, experiencias con su cuerpo, preocupaciones, decisiones, temores, silencios o situaciones que se repiten y le generan malestar.
A través del diálogo y de las intervenciones del terapeuta se intenta ir más allá de lo que aparece inmediatamente.
Una dificultad con los amigos, un conflicto permanente con los padres o una fuerte exigencia consigo mismo pueden abrir preguntas sobre su manera de relacionarse, sobre lo que espera de los demás, sobre aquello que teme perder o sobre aspectos de sí mismo que todavía está intentando conocer.
La psicoterapia no busca darle respuestas prefabricadas, sino ayudarlo a construir sus propias preguntas y comprender mejor aquello que le sucede.
Y ese proceso necesita tiempo. Hay adolescentes que hablan mucho desde las primeras sesiones y otros que necesitan primero comprobar que ese espacio realmente puede ser suyo.

¿Qué lugar tienen los padres cuando el paciente es adolescente?

Aquí aparece una diferencia importante respecto de la psicoterapia infantil.
Los padres continúan teniendo un lugar, especialmente cuando se trata de adolescentes menores de edad, pero al mismo tiempo es fundamental que el adolescente pueda construir un espacio terapéutico propio y confidencial.
Pueden realizarse entrevistas con los padres para conocer sus preocupaciones, comprender el contexto familiar o trabajar determinadas situaciones que requieren de su participación.
Sin embargo, el contenido de las sesiones del adolescente no se transmite regularmente a los padres.
Preservar esa intimidad es parte de la construcción de confianza y también del reconocimiento progresivo de su autonomía.
Existen, por supuesto, situaciones excepcionales en las que puede ser necesario comunicar determinada información para proteger al adolescente frente a un riesgo significativo. Estas condiciones forman parte del encuadre y es importante que puedan ser habladas con claridad.

¿Cuándo puede ser conveniente consultar?

No existe una única señal que indique que un niño o un adolescente necesita comenzar una psicoterapia.
A veces la consulta surge porque determinada conducta se mantiene en el tiempo o comienza a interferir en su vida cotidiana. Otras veces aparece frente a un cambio importante, una pérdida, dificultades familiares, problemas escolares o situaciones que están generando sufrimiento.
También puede ocurrir que sea el propio adolescente quien manifieste que necesita hablar con alguien.
Más que preguntarse si lo que sucede es “lo suficientemente grave”, puede ser útil preguntarse cuánto está afectando al niño o al adolescente y si los recursos que hasta ese momento le permitían afrontar sus dificultades parecen no estar alcanzando.

Cada proceso es diferente

No existe una única manera de hacer psicoterapia con niños ni con adolescentes.
Un niño puede necesitar expresarse principalmente a través del juego durante un tiempo y después comenzar a poner más palabras a lo que siente. Un adolescente puede llegar hablando mucho y descubrir, poco a poco, que detrás de aquello que cuenta hay otras preguntas que nunca se había formulado.
El terapeuta va adecuando su manera de trabajar a la edad, al momento evolutivo y, fundamentalmente, a la singularidad de cada paciente.
Porque dos niños pueden manifestar el mismo miedo y ese miedo no significar lo mismo. Dos adolescentes pueden presentar una dificultad similar y haber llegado hasta ella por historias completamente diferentes.

La psicoterapia busca comprender qué significa aquello que está ocurriendo para ese niño o ese adolescente en particular.

A veces será a través de un juego. Otras, de un dibujo, una conversación, una historia o incluso de un silencio.
Lo importante es que exista un espacio donde aquello que resulta difícil pueda comenzar a expresarse, ser pensado y, con el tiempo, encontrar nuevos sentidos.