Psicoterapia para adultos: un espacio para comprender lo que nos pasa
Hay momentos en los que algo empieza a hacerse difícil.
A veces podemos reconocer claramente qué nos preocupa: una pérdida, una separación, dificultades en los vínculos, ansiedad, angustia, conflictos familiares o laborales, una decisión importante o un cambio que resulta difícil transitar.
Otras veces no es tan sencillo. Podemos sentir que algo no está bien sin saber exactamente qué es. Sentirnos desbordados, insatisfechos, más sensibles de lo habitual o cansados de repetir situaciones que, aunque intentemos cambiar, vuelven a aparecer.
También puede suceder que desde afuera todo parezca estar bien y sin embargo, internamente exista un malestar difícil de explicar.
No es necesario tener todo claro para comenzar una psicoterapia.
Muchas veces, comprender qué nos está pasando forma parte del propio proceso terapéutico.
¿Cómo se trabaja en psicoterapia?
La psicoterapia ofrece un espacio de escucha y reflexión donde poder hablar con libertad sobre aquello que preocupa, genera sufrimiento o simplemente necesita ser pensado.
En las sesiones se trabaja a partir de lo que cada persona va trayendo: situaciones actuales, vínculos, recuerdos, preocupaciones, decisiones, emociones, sueños o experiencias que se repiten y resultan difíciles de comprender.
No hay una forma correcta de hablar ni es necesario preparar previamente lo que se va a decir.
Algunas personas llegan sabiendo exactamente de qué quieren hablar. Otras necesitan tiempo para descubrirlo. Incluso puede haber momentos en los que no se sepa qué decir.
El silencio también puede formar parte de una sesión.
La tarea del terapeuta no consiste solamente en escuchar. También implica preguntar, señalar algunas relaciones, detenerse sobre aquello que parece significativo y ofrecer otra mirada cuando puede ayudar a comprender algo que hasta ese momento había quedado fuera de la propia percepción.
La psicoterapia se va construyendo, no se parte de un recorrido establecido de antemano, sino siguiendo aquello que va apareciendo en la experiencia particular de cada persona.
Cuando algo se repite
Muchas veces llegamos a consulta por una situación actual y, a medida que avanzamos, comenzamos a reconocer que algunas experiencias tienen una historia.
Podemos encontrarnos eligiendo vínculos parecidos, sintiendo que siempre ocupamos el mismo lugar frente a los demás, teniendo dificultades para poner límites o necesitando permanentemente responder a determinadas expectativas.
A veces sabemos perfectamente que algo nos hace mal y aun así, no conseguimos dejar de hacerlo.
Y ahí aparece una pregunta importante: si sé que esto me hace sufrir ¿por qué sigo repitiéndolo?
Desde una perspectiva psicoanalítica, estas repeticiones no se entienden simplemente como errores que deberían corregirse. Se intenta comprender qué sentido tienen, cómo se fueron construyendo y por qué continúan teniendo tanta fuerza en el presente.
Poder reconocerlas no significa que desaparezcan inmediatamente pero puede comenzar a abrir la posibilidad de responder de otra manera.
Más allá de aliviar un síntoma
Muchas personas comienzan una psicoterapia porque quieren sentirse mejor, y naturalmente el alivio del sufrimiento es importante.
Pero un síntoma no siempre puede comprenderse de manera aislada.
La ansiedad, la angustia, una inhibición, una dificultad en los vínculos o determinados temores pueden tener significados diferentes para cada persona.
Por eso, además de atender aquello que genera malestar interesa comprender qué relación tiene con la historia y con el momento vital e quien consulta.
No se trata de conservar el sufrimiento para analizarlo indefinidamente —la psicoterapia no necesita semejante crueldad—, sino de intentar que el alivio pueda acompañarse de una comprensión más profunda de aquello que lo produjo.
La historia personal y el presente
Hablar de una psicoterapia de orientación psicoanalítica suele asociarse inmediatamente con hablar del pasado.
La historia importa, pero no porque todo tenga que explicarse a partir de la infancia.
Importa porque nuestra manera de sentir, vincularnos, defendernos de aquello que nos angustia y esperar determinadas cosas de los demás se fue construyendo a lo largo del tiempo.
Algunas experiencias dejan huellas que continúan presentes sin que necesariamente seamos conscientes de ellas.
El trabajo terapéutico busca comprender cómo esa historia sigue apareciendo hoy: en los vínculos que establecemos, en aquello que esperamos de nosotros mismos, en nuestros temores, en las decisiones que tomamos y en la manera en que enfrentamos determinadas situaciones.
El pasado no puede modificarse. Pero sí puede cambiar la manera en que lo comprendemos y el lugar que ocupa en nuestra vida presente.
El vínculo terapéutico también forma parte del proceso
Para poder hablar de aspectos íntimos, dolorosos o contradictorios necesitamos sentir que existe un espacio donde hacerlo sin ser juzgados.
Por eso, la confianza no es algo que se presupone desde la primera sesión. Se construye.
Con el tiempo, el vínculo con el terapeuta puede convertirse en un espacio donde sea posible mostrar aspectos propios que habitualmente se esconden, se minimizan o resultan difíciles de compartir con otras personas.
Incluso algunas formas de relacionarnos que aparecen fuera del consultorio pueden hacerse presentes dentro de la propia relación terapéutica.
Cuando esto ocurre existe la posibilidad de observarlas y pensarlas en un contexto diferente.
No se trata solamente de hablar acerca de los vínculos. En ocasiones, la propia experiencia de estar en un vínculo terapéutico permite comprender algo nuevo sobre nuestra manera de relacionarnos.
¿Qué puede cambiar a través de una psicoterapia?
Los cambios no siempre ocurren de manera espectacular ni aparecen de un día para otro.
A veces comienzan de formas pequeñas: poder reconocer lo que sentimos antes de reaccionar, decir algo que antes callábamos, poner un límite, tolerar mejor una incertidumbre o empezar a preguntarnos por qué hacemos algo que hasta entonces parecía simplemente inevitable.
Comprender no significa únicamente saber intelectualmente por qué nos pasa algo.
Implica que esa comprensión pueda ir transformando la manera en que nos posicionamos frente a nosotros mismos, frente a los demás y frente a las situaciones que atravesamos.
Con el tiempo algunas elecciones pueden hacerse menos automáticas y aparecer un margen mayor de decisión.
Un proceso singular
No existen tiempos iguales ni respuestas universales.
Cada persona llega con una historia diferente, una manera particular de relacionarse y sus propios recursos para afrontar las dificultades.
Por eso la psicoterapia no consiste en recibir instrucciones sobre cómo vivir ni en aplicar soluciones preparadas de antemano.
Es un proceso que se construye entre paciente y terapeuta dentro de un marco de confianza y confidencialidad.
A veces comienza con un problema muy concreto. Otras, con una sensación difícil de nombrar.
Y en ocasiones la primera transformación ocurre simplemente cuando algo que durante mucho tiempo se vivió en soledad finalmente puede ser dicho y pensado junto a otro.
Hacer psicoterapia puede ser una forma de comprender aquello que nos sucede, reconocer cómo nuestra historia continúa presente y encontrar nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestra propia vida.
